Factores de riesgo de pérdida auditiva

Factores de riesgo de pérdida auditiva

La pérdida auditiva puede ocurrir en cualquier momento de la vida de un individuo: desde antes del nacimiento hasta la vejez, siendo esta última etapa la más afectada. Existen algunos factores que pueden dañar o causar la pérdida de células nerviosas en el oído interno, promoviendo así la pérdida de audición de las personas.

Desde QuieroOír hemos elaborado un listado de factores de riesgo que pueden ser influyentes en la aparición y desarrollo de la pérdida auditiva.

Edad y pérdida auditiva

Como cualquier función, el sentido del oído y sus delicadas estructuras internas se van alterando y degenerando con el paso del tiempo. A la pérdida de audición causada por el envejecimiento natural de la persona se le llama presbiacusia.  Esta es una de las afecciones más comunes en la población de la tercera edad, en concreto en el año 2017 aproximadamente el 34% de la población de 85 años o más tenía algún tipo de dificultad auditiva.

Factores genéticos

Otro de los factores de riesgo de la pérdida auditiva es el factor hereditario. En muchas ocasiones algunas formas de pérdida de audición tienen un origen hereditario y todo ello se debe a mutaciones genéticas.  Un ejemplo es el Síndrome de Usher, una alteración hereditaria que genera un desorden auditivo moderado o progresivo.

También, la composición genética puede hacer que las personas sean más susceptibles a la pérdida de audición por la exposición a ruidos fuertes o el paso del tiempo. Así lo estima la Asociación Europea de Fabricantes de Aparatos Auditivos, donde muestra que entre el 35-55% de las pérdidas auditivas relacionadas con la edad son genéticas.

Contaminación acústica

Una de las causas más comunes de pérdida auditiva es la exposición a ruidos fuertes. Cada vez vivimos más en un ambiente de ruidos, bien por el trabajo, bien por momentos sociales, o simplemente por nuestras aficiones. La exposición diaria de nuestros oídos a derivados sonidos puede dañar las células del oído interno.

Dentro de los ruidos más comunes y perjudiciales para la audición, son escuchar de forma continuada música elevada a través de auriculares, desempeñar un trabajo ruidoso sin protección adecuada (ej. Controladores aéreos) o la música y ruido ambiental de discotecas, bares o eventos deportivos.

Aproximadamente se considera ruido nocivo para la audición, un ruido superior a 85 decibelios. Según la Organización Mundial de la Salud la pérdida de audición causada por el ruido ha ido en aumento en los últimos años. Se estima que 1.100 millones de jóvenes (de 12 a 35 años) corren el riesgo de sufrir pérdida de audición debido a la exposición al ruido en entornos de entretenimiento. Por ello es recomendable evitar la contaminación acústica en la manera de lo posible.

Medicamentos, alcohol y tabaco

El consumo de determinados medicamentos puede ejercer un efecto nocivo en nuestro sistema auditivo. En algunos casos, ciertos fármacos pueden causar una pérdida temporal de la audición. La audición se restablecerá después de suspender el tratamiento. Entre los ejemplos está la aspirina administrada en altas dosis, o medicamentos antinflamatorios como el ibuprofeno.

Por otro lado, hay otra familia de medicamentos que pueden causar daño al oído interno generando pérdida auditiva permanente. Algunos ejemplos son los medicamentos ototóxicos o los fármacos empleados para el tratamiento del cáncer en procesos de quimioterapia.

Otros hábitos nocivos que repercuten en la pérdida de audición de las personas son el consumo de algunas sustancias como el tabaco y el alcohol. Así lo refleja el último estudio publicado en Nicotine & Tobacco Research, donde demuestra que los fumadores habituales presentan un aumento del 60% en el riesgo de padecer perdida auditiva.

Alimentación y pérdida auditiva

La obesidad en personas adultas puede repercutir en la capacidad auditiva de la persona. Por tanto, mantenerse activo y controlar su peso con una buena alimentación puede ayudar a proteger su audición. Esto se debe a que la arteria auditiva es una de las arterias más pequeñas del cuerpo, por lo que es más probable que se bloquee antes que otras, siendo una de las más afectadas a la hora de sufrir los problemas circulatorios.

Enfermedades infecciosas

Finalmente, otro factor de riesgo es padecer algún tipo de infección vírica como el sarampión, las paperas, la meningitis o la escarlatina. Estas patologías pueden dañar los oídos y provocar una discapacidad auditiva más o menos grave. Para su prevención, es necesario vacunar de estas enfermedades desde una edad muy temprana.

Tanto en niños como en adultos, muchas de las causas de pérdida auditiva, son prevenibles. Como dice el proverbio español “Más vale prevenir que curar”. Por ello, es importante estar informado de aquellos comportamientos que pueden influir y realizarse revisiones periódicas para la detección y diagnóstico de la aparición de pérdida auditiva a corto y largo plazo.

 

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