Ruidos superiores a 85 dB supone un riesgo de pérdida auditiva

Ruidos superiores a 85 dB supone un riesgo de pérdida auditiva

Ruidos superiores a 85 dB supone un riesgo de pérdida auditiva
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Según la Organización Mundial de la Salud  (OMS), para garantizar una buena salud auditiva se recomienda no superar los 65 dB. “Una exposición a un sonido superior a 85 dB supone un riesgo de pérdida auditiva si se repite en el tiempo. Se admite que una exposición a 80 dB durante más de 8 horas al día, en el entorno laboral, requiere uso de protección auditiva para no ser lesiva”, explica la doctora Mª José Lavilla, presidenta de la Comisión de Audiología de la SEORL CCC. Por encima de 100 dB existe un riesgo de pérdida inmediata. “En concreto, si nos exponemos  a 100 dB de escucha, no deberíamos hacerlo más de un cuarto de hora al día para evitar el daño, y si lo hacemos a  110 dB, no deberíamos hacerlo más de 1 minuto”, advierte. Por último, el ruido llega al umbral del dolor cuando se sobrepasan los 125 dB y puede ser insoportable a los 140 dB.

Por eso, destaca la doctora Lavilla, “lo recomendable es escuchar los reproductores de música con un límite de volumen no superior al estándar automático de salida que incluye el dispositivo al encenderse, es decir, 85 dB”. Para que la normativa de seguridad se cumpla, “el aparato deberá incorporar unas medidas de aviso si el usuario incrementa el volumen cada 20 horas de escucha, y nunca deben ser superiores a los 100 dB”, afirma.

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Además de limitar la intensidad esta especialista insiste en que hay que limitar el tiempo de exposición para evitar el daño. Así, “a partir de los 80 dB, por cada 3 dB de aumento es necesario reducir el tiempo de exposición a la mitad”, subraya.   Fuentes de ruido como las discotecas, bares o conciertos pueden superar los 110 dB, “lo que supone que el tiempo máximo de exposición para evitar el daño debería ser como máximo de dos minutos diarios cinco días de la semana, lo que ni siquiera se acerca al hábito seguido por los jóvenes españoles”, añade.

Estas fuentes de ruido pueden dañar la audición de manera permanente e irreversible. “La pérdida auditiva que aparece de manera inmediata ante un sonido intenso e impulsivo, como por ejemplo un petardo, se conoce como trauma acústico agudo. La que sucede por exposición continua a sonidos fuertes, se llama trauma acústico crónico y se desarrolla de manera gradual”, comenta la doctora Lavilla. En un principio se ven afectadas las frecuencias agudas de manera leve,  pero a largo plazo se ven dañadas las medias y graves y la pérdida va siendo mayor en todas ellas.

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Problema de salud mundial

La pérdida de audición inducida por el ruido es un problema de salud mundial, que afecta en mayor medida a aquellas personas que están más expuestas. En este grupo suelen estar, además de los jóvenes, los militares, corredores de carreras de motos y coches deportivos, personal de discotecas, profesionales de música rock, “y todas aquellas que viven en las grandes ciudades y se ven perjudicadas por los altos niveles de contaminación acústica derivados del tráfico rodado y los transportes”, asegura la doctora Lavilla. Un trabajo publicado en MMWR concluye como uno de cada cuatro adultos en EE.UU tiene muescas audiométricas indicativas de pérdida de audición inducida por el ruido.

Además de las ya citadas, también existen otras personas con un índice alto de susceptibilidad individual a sufrir problemas auditivos debidos al ruido. “Hay personas que ante la misma intensidad de sonido y mismo tiempo de exposición tienen mayor predisposición que otras”, comenta la doctora Lavilla. Así, las que tienen antecedentes de sordera de cualquier tipo, las que ya han tenido problemas de oído, las expuestas al ruido, las que han sufrido algún antecedente traumático o las que tienen que tomar medicamentos ototóxicos. “Se debe evitar, en la medida de lo posible, la ingesta de medicamentos de uso cotidiano, tomados muchas veces por iniciativa propia, que usados de manera prolongada, pueden dañar la audición. Entre ellos se encuentran, algún tipo de antiinflamatorios (antiinflamatorios no esteroideos), el paracetamol y la aspirina”, advierte.

 

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