La pérdida auditiva aumenta el riesgo de padecer demencia

La pérdida auditiva aumenta el riesgo de padecer demencia

Poder disfrutar de los sonidos de nuestro alrededor es uno de los mayores privilegios de la vida. Pero el paso de los años no ayuda, y muchas veces esa percepción y la escucha se va deteriorando, lo que puede desembocar en una pérdida auditiva. Además, no atajar este problema a tiempo puede desencadenar en otras dolencias más graves, como la demencia.

El Instituto de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad College London, junto con el Instituto de Salud Mental de la Universidad de Nottingham, ambos del Reino Unido, han hallado una estrecha relación entre ambas. Así, según un estudio publicado en la Journal of the American Geriatrics Society, los adultos de avanzada edad que padecen pérdida de audición provocada por el deterioro fisiológico del oído tienen mayor riesgo de depresión, aislamiento social y demencia senil que aquellos que oyen de forma normal.

Pérdida auditiva y demencia

Los investigadores aseguran que es primordial tratar a tiempo y de manera correcta la hipoacusia con, por ejemplo, los audífonos, para que el paciente pueda seguir procesando los estímulos y que no olvide cómo enfrentarlos. Con ellos, se disminuye la percepción de los llamados acúfenos –sensación de escuchar ruidos o sonidos en el oído que no proceden de ninguna fuente externa– y se mejora la calidad de vida y su integración social, evitando su aislamiento, puesto que el mero hecho de perder parte de la audición ya supone un obstáculo a la hora de comunicarse y relacionarse con otras personas.

Estas prótesis han estado siempre condicionadas por razones sociales, económicas y, sobre todo, estéticas y psicológicas. Muchas personas no suelen utilizarlo, a pesar de necesitarlo, por no demostrar su discapacidad o por una cuestión de autoestima. Pero lo cierto es que la tecnología ha avanzado a pasos de gigante y a día de hoy existen audífonos muy discretos que apenas se notan cuando se utilizan.

La causa más común de la pérdida auditiva es el envejecimiento. A partir de los 30 o 40, y hasta alcanzar los 80 años de edad, la audición empeora. Los síntomas más frecuentes son la dificultad para oír voces suaves o escuchar el habla con ruido de fondo. Por eso, es fundamental, dicen los expertos, acudir a revisiones anuales a partir de los 60 años, aunque la realidad es que cada vez más personas sufren esta dolencia en edad laboral, debido en parte también a la exposición del ruido.

 

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